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23 de abril de 2026
Tras una advertencia de tiroteo en la Escuela N° 34 de Makallé, autoridades activaron protocolos de seguridad y llaman a los padres a dialogar con sus hijos sobre la gravedad de estas situaciones
En el día de ayer, se registró una preocupante situación en la Escuela N° 34 de Makallé que encendió las alarmas en toda la comunidad educativa. Según informó la directora de la institución, Ramona Luque, durante la mañana y cerca del mediodía, una alumna detectó un escrito en la puerta de uno de los baños de mujeres una amenaza de tiroteo que presuntamente se llevaría a cabo al día siguiente.
Ante este hecho, y tras ser notificado un docente, se activó de inmediato el protocolo correspondiente: se dio aviso a la dirección del establecimiento, a la regional educativa y a la Comisaría de Makallé. A partir de allí, las autoridades tomaron intervención para evaluar la situación y garantizar la seguridad de alumnos y personal.
Como resultado de estas acciones, y con la presencia preventiva de efectivos policiales para el control de ingresos y egresos, se decidió que en la jornada de hoy las clases se desarrollen con normalidad, llevando tranquilidad a las familias.
La prevención comienza en casa
Sin embargo, más allá de la respuesta institucional, este episodio vuelve a poner en foco una problemática que se repite en distintas escuelas del país y que requiere un fuerte compromiso social.
Desde la institución se hace un llamado a la comunidad, especialmente a los padres, para reforzar el diálogo en el ámbito familiar. Hablar con los hijos sobre la gravedad de este tipo de amenazas, sus consecuencias legales y el impacto emocional que generan, es fundamental para prevenir situaciones similares.
Es importante recordar que este tipo de hechos no son una “broma”. En caso de tratarse de menores de edad, los padres pueden enfrentar consecuencias legales, mientras que los alumnos que ya cuentan con la edad suficiente pueden ser considerados responsables directos ante la Justicia.
Además, este tipo de situaciones genera miedo, incertidumbre y altera el normal desarrollo educativo, afectando no solo a quienes participan, sino a toda la comunidad escolar.
La prevención comienza en casa. Escuchar, acompañar y educar son herramientas claves para evitar que estas amenazas sigan ocurriendo y para construir entre todos un entorno escolar seguro.